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Correspondencias

Ruth Rubio y Sebastián Moreno Sambruno.

universo #16

Agua para tu fuego,
flores para tu quemadura.

Comenzamos el 2026 con gran alegría, puesto que hemos establecido una colaboración con Primer Acto. Gracias a ella, vamos a compartir regularmente algunos contenidos publicados en la revista imprescindible que Ángela Monleón logra editar cada semestre. En esta primera tanda, dejamos unas correspondencias entre la dramaturga Ruth Rubio y el dramaturgo Sebastián Moreno Sambruno. Dani Ramírez, invierno de 2026.

I.
 
Querida Ruth:
 
Empiezo esta misiva intentando recordar la última vez que escribí una carta. Tan acostumbrados como estamos a mails, notas de voz, y nuevos alfabetos inventados a golpe de ‘beat’ en tiempos de memes, lo intento y no lo consigo.
 
Intento recordar como digo, y no me acuerdo. Nosotros, que entre otros quehaceres, nos dedicamos a la alquimia de juntar palabras, como si no fueran ellas las que decidieran con qué otras palabras quieren departir, no me acuerdo... ¿Cuándo fue la última vez que saboreé el sabor amargo, –que si recuerdo–, del pegamento que recubre el reverso de los sellos? ¿Cuándo la última vez que pegué después el sello en la solapa de un sobre, quedando éste, siempre, torcido? ¿Cuándo la última vez que escudriñé el futuro asomándome a la boca de un buzón? Recuerdo todo esto, y tengo pegada a la sesera la imagen de un rey campechano en la ilustración de ese sello previamente saboreado... Fetichismo filatélico, pesadilla hipertimésica. Y tú ¿cuándo fue la última vez que escribiste una postal?
 
Pienso en eso, y pienso en la escritura, su verdad y sus procesos... Y pienso en los procesos de escritura que se han ido y en los que están llegando. Ahora mismo ando escribiendo (o ellos me están escribiendo a mí, –tatuándome palabras en el esternón como saben, como quieren–) dos textos.
 
El primero de ellos he tenido el gusto de ir descubriéndolo en el taller anual de dramaturgia de la Compañía Nigredo, de Albert tola y Rodrigo García Olza. Ya está bastante encaminado, y el otro día presentamos (probamos) mediante lectura dramatizada algunos fragmentos y me sucedió algo francamente bonito. La actriz asignada, al leer sus réplicas por primera vez, no pudo contener las lágrimas y empezó a ahogar a las palabras en un llanto húmedo y sincero. Fue un momento mágico y uno de esos regalos que te devuelven las palabras por haber conectado con ellas, por haber hallado, en palabras de los talleristas "la verdad, la obra debajo de la obra".
 
El segundo, aún está empezando a revelarse, y en este caso me está acompañando José Guerrero (el autor de Metrochenta) a través de la plataforma formativa Ujo Teatro. Hay poca formación dramatúrgica no reglada e intento apuntarme siempre que puedo porque me parece una manera extraordinaria de ejercitar el músculo... Es una especie de gimnasia del alma, del verbo, de inventarle un diccionario abierto a todas las heridas. ¿En qué andas tú?
 
Una vez te leí sobre el inicio de un proceso creativo, algo así como que andabas escribiendo o pensando la obra que es y que sueña con la obra que será. ¡Qué frase más bonita! Y pienso en la última carta que escribió Lorca a Juan Ramírez, el dichoso día 18 de julio de 1936, en la que le decía cosas como:  "Yo te quiero dar agua para tu fuego, flores para tu quemadura."
 
Querida Ruth, ¿qué incendios te acechan ahora? ¿Qué flores puede ofrecerte la escritura para salvaguardar las llagas de esos conatos de fulgor? ¿Por qué se ha llenado todo de humo?
 
Te mando un abrazo enorme y espero leerte pronto.
 
II.
 
Querido Sebas:
 
A la pregunta de cómo estoy: por una parte, ansiosa. Por la otra: feliz. ¿Existe un concepto que aúne ambos sentires? Feliz porque me empeño en serlo y ansiosa por todo lo que acontece. No solo a mí, sino a escala planetaria. Y es curioso, porque cuando estoy triste, todo sucede a escala individual. Pero es cuando más feliz estoy, que menos me puedo desconectar del dolor del mundo.
 
La última vez que mandé una carta fue a M. hace dos años. Le conté cosas que nunca le he contado a nadie. Más que una carta era un exorcismo. Y la última vez que pegué un sello fue una situación cero romántica. Uno de estos certámenes de dramaturgia que parecen sacados de los 2000 y que te piden que mandes dos impresiones y un CD. La obra con todo pesaba 300 gramos, como los fetos en la vigésima semana.
 
Es contagiosa la contentura sobre tus procesos, gracias por compartirla. Albert y Rodri son lo más, tienen una mirada generosa, tienen las preguntas precisas y cuidan sin ser paternalistas. Es precioso lo que cuentas de la actriz que leyó tu texto. Qué suerte para ambas, para ella y para ti, haber desentrañado juntas la verdad esencial que asoma en el texto. ¿De qué manera están afectando estos encuentros a la escritura y reescritura? Deberíamos de poder escribir siempre acompañadas, ¿verdad?
 
He terminado hace poco dos textos. Uno se estrena en Cuarta este finde, el otro en Almagro, precisamente el 18 de julio; así que te tomo prestadas las palabras de Lorca, para recordaros a él y a ti. Ambos proyectos los dirige Alberto Velasco y están siendo viajazos. Alberto dispone todo a nuestro alrededor como para soltar, como para abandonarse al proceso y escuchar lo que la obra pide. Hay que ser un mago para hacer eso y él lo es, un ‘fucking’ mago de la ‘working class’. ¿Has escrito alguna vez para danza? Es otro planeta.
 
Ando escribiendo el texto sobre la ‘Desbandá’. ¿Te acuerdas cuando me fui caminando de Málaga a Almería? Ese es mi incendio ahora. Estoy atascada como nunca. Pero hoy me he ido a nadar –últimamente es como mejor escribo, nadando– y creo que he descubierto el porqué de la ‘atascaera’. Esta obra soñaba con ser la historia de un viaje, la abuela de mi amiga y la de mi tía-bisabuela bajo las bombas en febrero del 37 echando a correr por la carretera de Málaga a Almería, una obra sobre el éxodo y la masacre de la población civil. Y esta obra ahora es una pesadilla porque soy incapaz de escribir sin que me paralice el genocidio que Israel está cometiendo contra la población palestina en Gaza. Porque, si me entrego con coherencia al proceso, tendría que hablar de lo que está ocurriendo hoy.
 
No sé qué hacer con todo esto. No sé si todas deberíamos parar lo que estuviéramos haciendo y escribir sobre esto. ¿Qué hacer cuando lo único que tenemos son palabras? ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué algo te abrume tanto como para no poder escribir? ¿Cuál fue el agua para tu fuego, cuáles las flores para tu quemadura?
 
III.
 
Querida Ruth:
 
Siempre es emocionante leerte. Cierro los ojos y me veo leyendo tu carta a las faldas de un volcán, rodeado de corazones delatores palpitando bajo la tierra.
 
Las palabras también alimentan, también abrigan. Es importante rodearse de relatos que ardan por dentro, para aprender a construir y construirnos. Tienes razón en lo bonita que es la compañía durante los procesos de escritura. En realidad, siempre siento que uno nunca escribe solo. Están con nosotros los que nos hicieron hablar y los que nos hicieron callar, los que quisimos y los que nos quisieron, los que nos enseñaron nuevos verbos o nuevos afectos. ¿Se escribe por contagio pues, como crece arrebatado un patio de helechos en primavera si abres una ventana? ¿Si abres una ventana durante el proceso de escritura, quiénes se asoman, compañera? ¿Qué viento sopla para ayudarte a salir de las ‘atascaeras’? ¡Qué frustrante y qué necesario es siempre el momento de atasco durante el proceso! –Que esto solo lo entiendes después, está claro–. El atasco da vértigo y miedo a caer. La escritura como una carretera de montaña llena de quitamiedos en las cunetas. ¡Qué bien que nadar destense tus nudos y te ayude!  Entiendo perfectamente esa sensación.  ¿Qué tendrá de ancestral el agua? El mar, la ducha, o bajo la tormenta recuerdo algunas claves encontradas como forense submarinista de mis propios procesos… ¿Será que las palabras mojadas pesan menos? ¿Por eso soportan los pulpos vivir con tres corazones?
 
¿Es así también cuando se escribe para danza? Lo más cercano a este proceso que he podido hacer es compartir creación con Julia Nicolau en el ciclo de Schimmelpfennig de Cuarta Pared hace unos años... Así que bailarines / bailarinas, coreógrafxs del mundo, aquí me tenéis... Dadme de probar agüita de esa fuente...
 
De otro planeta, dices... Y extraplanetario me pareció el último texto y trabajo de María Velasco estrenado hace semanas... ¡Qué suerte que hayas podido compartir proceso! Es bonito ir encontrando el aquelarre en el que arder juntas... Chamanas como somos de tanta denuncia y tanto lamento, solo el abrazo del fuego nos absolverá.
 
Y qué emocionante hablar sobre la ‘Desbandá’. Recuerdo perfectamente cuando te fuiste a hacer el camino, y el odio fascista que encontrabais en algunos enclaves. Parece más necesario que nunca volver a traer de vuelta esas historias, aunque recojo la reflexión de Gabriel Calderón que recuerda que la representación en el intermedio de Hamlet, funciona –provoca– porque su tío Claudio está en la butaca, ¿estamos haciendo un teatro de Hamlet para espectadores Hamlets? ¿Como llegar hoy en día hasta Claudio? ¿Hasta el votante de extrema derecha?, ¿hasta la fan epistolar del asesino en serie?, ¿hasta el estudiante racista? Y claro que lo de Gaza me paraliza, me desarma, me rompe las piernas, me instala un 'ahora' sangriento en las encías, me hace sentirme muy pequeñito, como un pajarillo debajo del grifo... me vuelve gris... instalando la pregunta sobre el qué andamos haciendo mientras, entre las sienes... Y parece morirse o extinguirse también el lenguaje... ¿Por qué seguir escribiendo?
 
Un abrazo desde la hoguera,
 
IV.
 
Bueno, bueno, bueno. Te voy a contar algo muy ‘creepy’, porque has hecho una pregunta específica, que es que si te respondo con literalidad, flipas. El otro día de escritura, después del descanso del almuerzo, a mi ventana se asomó una muñeca que me miraba desde la casa del vecino. Estaba yo ahí ‘engorilá’ con una décima que no salía –quién me manda a mí– y adelanté la pausa para comer. Total, que cuando me volví a sentar, el vecino había puesto una muñeca de estas que son solo torso, como de estudiante de peluquería, asomándose por una cortina violeta chillón. Entonces cerré la cortina, pero es de estas trasparentosas y, aun así, seguía viendo a la muñeca. Cuando Cris llegó a casa nos asomamos y la muñeca empezó a girar la cabeza, obviamente siendo manipulada por el psicópata de mi vecino, que debe de tener alrededor de 70 años y que se parece a Trump pero en vallecano y que por algún motivo pretende atormentarme. Por lo demás, y saliendo de la literalidad, a mi ventana se acercan cada vez más autoras y cada vez más contemporáneas. Tengo la suerte de haber pasado esa época de los ídolos –creo que a todos nos pasa– y de estar en el punto en que mis maestras son amigas. Como María, que es una criatura de ciencia ficción. Aprendo más de ella viéndola arrancar páginas del libreto en un ensayo que en los manuales de dramaturgia, aprendo más de sus cuidados que de los señores aristotélicos. Y todo eso creo que es algo que trasciende a la obra, estoy convencida de que, de alguna manera, es algo que llega al público cada vez que ve una obra de ella.

Tenía una profesora que nos decía que la diferencia entre la narrativa y la poesía era la opacidad del cristal. Las ventanas de la narrativa son transparentes y las de la poesía son vidrieras. Cuando te leo me acuerdo de ella, porque me llegan los destellos de tus luces y las ganas de desentrañar la imagen detrás del cristal.
 
El agua quizá tiene algo de ancestral, también la sangre. Me acaba de bajar la regla después de 41 días de ciclo y tengo ganas de arrancarme los ovarios y tirarlos a la ventana del Trump vallecano. Escribir con la regla es también un tremendo tripi. No se está más sensible. Lo que se está es más lúcida y con la sensibilidad que al cuerpo corresponde, el resto del tiempo vivimos en un estado de disociación normalizado. Es de las cosas que más me interesan en este mundo: la disociación como mecanismo. Seguramente la escritura sea un mecanismo muy refinado de disociación, ¿no?
 
Me encanta tu idea de escritura por contagio. La adopto y la difundo. Quizá precisamente porque nunca escribimos solos, como dices, nos salvemos de la extinción del lenguaje. Recuerdo tu experimento con Julia en el ciclo Schimmelpfennig, flashazos de cuerpos disfuncionales bellísimos –¿era Sergio?, “no se puede”– y un monólogo de Nataliya en un váter. Recuerdo también tu personaje que no hablaba en esta última obra que escribiste para Cuarta y la palabra ‘densificación’, que también la adopté. Desde fuera se siente que tienes ahí una curiosidad brutal por hacer agonizar o trascender el lenguaje hasta que se haga cuerpo. Así que me uno a ese llamamiento: cuerpos danzantes del mundo, Sebas es vuestro artesano y artífice.
 
Con respecto a qué hacer con el lenguaje para escribir sobre la barbarie sigo teniendo muchas preguntas, y abrazo las tuyas. El otro día leí una frase de Agnès Varda que quizá arroje algo de luz sobre cómo contar esto: no quiero mostrar las cosas, quiero dar el deseo de ver. Quizá el deseo sea la respuesta más honesta a la pregunta de por qué seguir escribiendo.
 
PD – Te mando el vídeo de la muñeca asomada a la ventana y dos fotos donde se le ven mejor las facciones, a ver si tu pensamiento-vidriera desentrañara los motivos de mi vecino.
 
V.
 
Querida Ruth:
 
Qué bonita reflexión sobre el deseo, y qué necesario también como motor para la creación. Pienso en el deseo y en su capacidad transformadora, y que como Mortadelo (agente de la T.I.A) adopta también las hechuras del asombro, de la tensión, del hambre, de la disforia.
 
Tal vez el deseo de transformar el ruido del mundo en poesía en la caja de resonancia que es el teatro (Juan Mayorga dixit) es el que me trae a vueltas con la palabra callada, secreta, no dicha, pensada, habitada desde la conciencia, la palabra robada a la voz, con su manto de efecto mesiánico, de alfabeto exiliado, de diccionario quemado, de cadáver perfumado... Tal vez es otra manera de abrazar la finitud de las cosas, el miedo a la muerte.
 
También las palabras mueren, los idiomas desaparecen, adoptan la disidencia o son penetrados por la exacerbación de las fronteras.
 
Recuerdo cuando me descubriste la exploración sobre el llanito (ese especial spanglish gibraltareño) que decidiste explorar en el texto que escribiste en Cuarta. Yo ando ahora indagando sobre el idioma carrilche, un argot argentino creado entre la comunidad trans en los años 40, para poder hablar sin ser entendidas en situaciones de peligro, una suerte de idioma marica que se transforma en escudo, (como Mortadelo).
 
Hablando del trabajo en Cuarta Pared, ¡qué suerte tenemos de que exista un espacio así, con décadas de apoyo a la experimentación, con tan buen gusto, y con tanto cuidado para dar! ¡Y qué suerte poder colaborar en ocasiones con ese templo, con esa casa! Coincidimos en los laboratorios de Escritura ETC: Verde, becados para escribir sobre el cambio climático. Desde los primeros borradores me fascinó tu distopia (o no) sobre los impuestos al sol, y ese universo a la sombra de los pinos, digo, a la sombra de las placas solares... ¡Cuéntanos más sobre este proyecto, y sobre todo, cómo se vive ‘el apagón’ habiendo escrito lo que has escrito meses antes! Y contemos, que mientras los lectores lean esto, estarán programándose los textos resultantes del ciclo en Cuarta Pared, ¿cuándo estrenáis? ¿Cómo lo lleváis?  Te escribo mientras un barco de acción humanitaria en el que viaja Greta Thunberg ha sido interceptado por Israel para evitar que esta ayuda llegue a Gaza. ¿De qué podrán disfrazarse las palabras para parar tanta locura arrebatada?, ¿cómo no avergonzarse?
 
VI.
 
Querido:
 
Gracias por descubrirme el carrilche. Me ha encantado la reflexión del lenguaje como "tierra fértil para la resistencia y la trasgresión". Creo que esto, concretamente, es un sentir común entre las personas que escribimos teatro. Sigo alucinando con el llanito. A veces me pongo la televisión de Gibraltar de fondo y sigo sin encontrar un patrón. "I don't want my children to be el ‘coñaso’, hablando mal y pronto". Es increíble cómo una frontera puede ser tan tangible en un dialecto. Todavía, en la reescritura, me pregunto qué se puede contar con el llanito que no puede contarse con ninguna otra lengua. ¿En qué idiomas sueñas? ¿Qué puede contarse en mallorquín, o en carrilche, que no pueda contarse en ningún otro idioma? Somos unas suertudas de que Cuarta haya sido ‘casa’ tantas veces. En pocos espacios me he sentido tan libre y tan cómoda para centrarme en la experimentación, sin que importe el resultado. Ojalá y cumplan cuarenta años más y estemos ahí para verlo. Es rarísimo reescribir Solarpunk después del apagón y cómo se ha resignificado el texto, pasando de ser distopía a algo que ahora está en el imaginario. También han abierto la frontera con Gibraltar y también un mono la ha liado pardísima en La Línea de la Concepción. Pienso en el texto que escribiste en Cuarta, ese circo del fin del mundo, y me pregunto cómo se está resignificando para ti con todo lo que acontece. Me pregunto, también, qué lugar ocupará el teatro en las distopías futuras casi presente cercano. Ya está pasando en Argentina con Miley. Ha vuelto el teatro ‘underground’, pero el de verdad. Se improvisan escenarios en los garajes y en los salones de las casas. El teatro no puede permitirse ser complaciente y vuelve a ser ese "terreno fértil para la resistencia y la transgresión".
 
Al caso de esto, me he vuelto rayada de Berlín. Rayada en realidad quiere decir triste y enfadada. Estuve en un festival en el Deuthces Theater Berlin participando en una mesa redonda sobre teatro, con un autor búlgaro y otro de Togo. La idea era juntarnos a charlar sobre cómo funciona el teatro en cada uno de nuestros países y que compartiéramos una buena noticia, yo hablé justo de Cuarta y de la ETC en blanco/verde. El caso es que para mí no tiene sentido sentarse a hablar de absolutamente nada sin preguntarnos cuál es el papel de los agentes culturales en medio de una crisis de humanidad como es el genocidio contra el pueblo palestino. Y oliéndome que podía ser algo delicado, mientras preparaba la charla, pregunté antes a una colega alemana. Es todo demasiado pantanoso, vienen arrastrando una culpa histórica para con el pueblo judío, por el Holocausto, que posicionarse a favor de Palestina puede interpretarse como una suerte de antisemitismo. Guau. Quiero decir, muchos alemanes están negando la evidencia del genocidio por una visión absolutamente germanocentrista que acaba siendo cómplice y cruel. Y pensaba, precisamente por el antecedente histórico, que mejor que nadie deberían de ser capaces de identificar qué es un genocidio y posicionarse, ¿no? No sé, he estado triste y frustrada con esto. Finalmente saqué el tema y fue tenso, tuve la suerte de que algunas compañeras (en su mayoría no alemanas) apoyaron la idea de hablar sobre esto. Pero es que, además, es algo estructural. Mira que Alemania tiene cosas increíbles en su sistema cultural, la descentralización, los equipos de dramaturgistas... Pero tienen un problemón con lo políticamente correcto. Y estamos en un momento en que ser políticamente correcto es una forma de violencia. Fíjate, en este caso, el lenguaje es una fuerza opresora, es antinatura. Como dices: ¿cómo no avergonzarse?
 
¿Y cómo no agotarse? Es normal que muchas veces caigamos en lo que Mark Fisher llama ‘la izquierda depresiva’: la sensación de que toda acción es inútil. Normal que nos encomendemos a las ficciones y al lenguaje, como ‘pa’ no. Pocas cosas quedan ya para invitarnos a la acción. Tengo el deseo oscuro del aceleracionista, ¿te pasa? Que reviente el sistema, que reviente la bestia y que no quede otra que habitar las ruinas para reinventarnos, que no haya lugar para la tibieza, que hagamos teatro incendiario en los garajes y en los salones.
 
VII.
 
Qué bonito manifiesto para concluir, con tu anhelo pirómano y tu deseo de resetearnos.  Ojalá estas cartas amarillas (como diría Nino Bravo) se vuelvan con el tiempo manifiesto, archivo, caja de resonancia, poema sordo, correspondencia ilegal, incendio bajo la nieve, cerilla, grito.
 
Muchos éxitos con todo lo que viene en los próximos meses. Nos veremos en los teatros, y si Ángela nos lo permite, más allá de las páginas de Primer Acto, nos seguimos escribiendo.
 
Quedo atento al buzón, que también arde...
 
Sebas
 
VIII.
 
Ojalá y ese encuentro pronto, Sebas. Y echarnos algo por lo ‘arto’ para juntar fuegos, aguas y flores. Y para celebrarnos, para seguir regando todos los cabitos sueltos que brotan de este encuentro epistolar. Tengo muchas ganas de preguntarte sobre las otras lenguas, sobre tus sueños y visiones, y de contarte que he hecho algo tan ilógico como esperanzador: me he apuntado a un curso de danza y estoy bailando, por primera vez. Qué fuerte un cuerpo, ¿eh?
 
Nos seguimos sabiendo, compañero.
 
Ruth