Una anciana agoniza en una habitación de hospital, su hija cuida de ella. Será una larga noche de confesiones y desvaríos, los recuerdos se agolpan, cobran vida, la habitación se llena de fantasmas que también tienen voz y cada uno parece querer contar su versión de los hechos pasados. El pasado (real o distorsionado por la fiebre) de una familia llena de secretos y silencios. Mar (casi guiando al espectador) intentará poner orden en esa catarata de recuerdos, pero al final también naufragará vencida por el cansancio y la verborrea de la enferma. El diálogo de la agonía, un poco entre el esperpento y el realismo mágico, narra las alegrías y tristezas de una familia extremeña durante una de las épocas más duras de este país...
Notas. / Notes on the piece.
Una larga noche de confesiones y desvaríos que el autor ha construido como homenaje a esas mujeres luchadoras y a esas ancianas denostadas. Y lo ha hecho respetando al máximo el lenguaje propio que caracteriza a los ancianos que conviven con el dolor, el cansancio, la fiebre, siempre sacudidos por el pasado que acude, que va y viene. Este ejercicio de la memoria que es "El diálogo de la agonía" incorpora la canción popular como elemento de una tradición que es la que se valora en el texto, un homenaje a la palabra en los tiempos evocados de una España dura y oscura. Diálogo, pues, antes que acción.
Luis Cañizal, Catedrático de Literatura del Instituto San Isidro de Madrid, investigador y poeta singular fue posible origen de todo lo que vino después. El primer día de clase, Luis Cañizal, entró en el aula sin saludar, colocó sus cosas sobre el escritorio ordenándolas meticulosamente y sin prisa (un ritual que repetiría todas las mañanas, algo hipnótico y que inducía al silencio), después cogió una tiza y la dejó caer sobre la mesa para que se partiera, escogió un trozo y escribió en la pizarra "La vida no es como en los libros", y entonces sí miró a sus alumnos, sonrió, dio los buenos días y dedicó tres años a rebatir ese axioma. Un endecasílabo por cierto, de los que tanto le gustaban. En sus clases no había temario ni una cronología estricta, saltaba en el tiempo y los estilos para que comprendieran que todo estaba relacionado, que para entender o descifrar un autor, un texto, una moda, había que estudiar, contrarrestar y cuestionar. Otra manera de leer, otra manera de escribir. La literatura dinamitaba sus fronteras. Y un día se toparon con Shakespeare... Y así empezó su andadura profesional, Antonio de la Fuente Arjona, como actor, como director, como autor.
Luis Cañizal, Professor of Literature at the Instituto San Isidro in Madrid, researcher and singular poet, may well have been the origin of everything that came afterwards. On the first day of class, Luis Cañizal entered the room without greeting anyone, placed his belongings carefully and methodically on the desk — a ritual he would repeat every morning, something hypnotic that induced silence. Then he picked up a piece of chalk and let it fall onto the table so it would break. Choosing one of the fragments, he wrote on the blackboard: “Life is not like in books.” Only then did he look at his students, smile, say good morning, and devote the next three years to disproving that axiom. An eleven-syllable verse, incidentally, of the kind he loved so much. There was no syllabus in his classes, nor any strict chronology. He leapt across time periods and styles so that his students would understand that everything was connected, that in order to understand or decipher an author, a text or a trend, one had to study, contrast and question. Another way of reading, another way of writing. Literature blew apart its own boundaries. And one day they encountered William Shakespeare... And that is how Antonio de la Fuente Arjona began his professional journey: as an actor, as a director, and as a playwright.
Escritura. / Style.
«Fascinado desde siempre por las palabras y el lenguaje, este influye considerablemente en el tema y el estilo de muchas de mis obras: “Palabra de Caín” (Editorial Hiria, novela), “El diálogo de la agonía” (Editorial De la Luna Libros, teatro), “El ladrón de palabras” (De la Torre Ediciones, teatro para niños), “Palabras Sagradas” (Editorial Gogoan Sestao Elkartea, relato)... El verbo liberado (al igual que el cuerpo: la carne amotinada) llama a su contrario/semejante y el mismo abecedario con el que juego me precipita a enrevesados laberintos o a callejones sin salida: refugio y cepo. Asombrado cuando las imágenes comparecen con palabras precisas (frases, sentencias, diálogos enteros), y sobrevienen imperiosas, exigentes, ordenando ser transcritas inmediatamente...» (Antonio de la Fuente Arjona).
«Always fascinated by words and language, they have had a considerable influence on the subject matter and style of many of my works: Palabra de Caín (Hiria Publishing, novel), El diálogo de la agonía (De la Luna Libros Publishing, theatre), El ladrón de palabras (De la Torre Ediciones, children’s theatre), Palabras Sagradas (Gogoan Sestao Elkartea Publishing, short story)... The liberated word (like the body itself: flesh in revolt) calls upon its opposite/twin, and the very alphabet I play with drives me into tangled labyrinths or dead ends: refuge and trap alike. I am astonished when images appear accompanied by precise words (phrases, statements, entire dialogues), arriving with urgency and insistence, demanding to be transcribed immediately...» (Antonio de la Fuente Arjona).
Teatro Rigoberta Menchú, Leganés, Madrid
Premio Textos Teatrales de Autor Extremeño FATEX 2013 + Premio Certamen AnimaT.sur de Textos Teatrales, 2020
Editora Regional de Extremadura